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DERECHOS CULTURALES EN CHILE: TAN INCONCURSABLES COMO INEXIGIBLES

Columna de Opinión publicada en El Mostrador

Mientras bajo un ilusorio poder de adaptación, el pacto del Estado con el mercado nos empuja a obedecer rápidamente las segregadoras reglas de la virtualización que se traman sobre nuestra educación, trabajo y relaciones humanas, durante la actual pandemia surgieron en el país campañas tanto regionales como nacionales, que alertaron sobre el colapso que vive la Cultura en cuanto a bien público, situación de inequidad que en tiempos de catástrofe se torna aún más evidente. Principalmente debido a la sostenida precarización de miles de personas que trabajan -informalmente, a honorarios, sin previsión social ni seguro de salud- en los diversos sectores que conforman el campo artístico cultural. Por supuesto esa injusticia se agrava en territorios distantes de los centros administrativos del país, las regiones.

Desde el Biobío, como Activa tu Presente con Memoria reconocemos las demandas del gremio, sus denuncias sobre las malas condiciones laborales sobrellevadas por el masivo cuerpo profesional y técnico que participa del ciclo cultural en espacios convencionales y comunitarios, nos interpretan porque formamos parte y resistimos las desigualdades. Tenemos mucho qué decir. Y decir pensando no desde cualquier lugar, sino, además, hacerlo desde la Gestión Cultural, ese campo de desarrollo que se halla invisibilizado, pese a la transversalidad de su actoría que cruza todas las disciplinas artísticas, participa de procesos institucionales y articula la política pública tendiendo redes. Una labor de terreno e intelectual sensible por partes iguales.

Sabemos que en períodos de incertidumbre como la crisis sociosanitaria que trajo consigo el COVID-19, la Cultura se convierte en un importante espacio de contención capaz de llenar simbólicamente el vacío provocado por el distanciamiento físico mientras dure la restricción a la libertad de movimiento. Sabemos que a través de la expresión artística las personas pueden ejercitar hábitos saludables tanto psicológica como socialmente, lo que les permite mantener un equilibrio interior y tener los medios para interpretar el presente e imaginar futuros. En ese sentido, sabemos que los contenidos y productos culturales tienen la capacidad de estimular el autoconocimiento, la creatividad, la concentración, la comunicación, la capacidad de resolver problemas y la libre expresión, entre otras habilidades que resultan especialmente vitales en el contexto actual. Pero esas ponderaciones el modelo neoliberal chileno -a diferencia de países como Alemania que han puesto al arte y la cultura como artículos de primera necesidad en los mecanismos anticrisis- parece ignorarlas o, peor aún, las desvaloriza y reprime su potencia amparándose una vez más en esa repudiable prioridad irrestricta del capitalismo de “salvar la economía” antes de salvar la vida y proteger los derechos humanos.

Así lo demostró esta semana Consuelo Valdés Chadwick, Ministra de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, al presentar un plan de emergencia cuya única medida vuelve a situarnos en el miserable rol de concursantes. Esta vez, concursar entre pares en la carrera para obtener un Fondo de Emergencia que más bien se trata de una redistribución paliativa de 15 mil millones ya existentes y no una inyección de recursos frescos. Por cierto y como es lo habitual, esa política no responde de modo vinculante a las urgencias catastradas recientemente a través de la consulta pública que el ministerio llevó a cabo a nivel nacional vía online. Si hacemos zoom en la realidad del Biobío, vemos que bajo el slogan “Hasta Encontrarnos” dicha medida se traduce en destinar $63.000.000 a precarizar 421 creadores locales, asignando el monto máximo de $239.000 por proyecto seleccionado, uno por cada postulante. Si hasta encontrarnos presencialmente es volver a la ‘normalidad’ eventualmente en octubre, entonces significa para artistas y creadores tener que sobrevivir cinco meses con menos de un sueldo mínimo, en el mejor de los casos.

Junto con rechazar esa indigna medida, yendo más allá de lo económico en la reflexión, lo que pensamos, sentimos y decimos hoy es BASTA DE CONCURSAR. La Cultura y el Trabajo son inconcursables porque son Derechos Humanos fundamentales, es decir, imposibles de transar porque sin esa garantía no existe -y se daña- el desarrollo digno de personas y sociedades diversas. Concursar para subsistir es una premisa violenta y obsoleta que agudiza la precariedad a la que históricamente se nos confina. Un lugar parecido a estar en ninguna parte. Cercano a la indigencia.

Por eso hoy apremia transformar la visión política autoritaria en una política inclusiva, que responda interministerialmente -junto con Educación y Desarrollo Social- a la urgencia del momento. Pero más trascendente aún es que esa transformación desemboque en una renovación ética sobre el significado de Cultura y el trato al gremio artístico. Es necesario que nazca una real garantía constitucional a la protección del acceso participativo y pleno en la vida cultural, sin la cual no podemos existir y de la cual se han hecho cargo desde siempre las propias artistas, creadoras y trabajadoras de la cultura autogestionada, asumiendo el rol que le corresponde al Estado. Ya no basta con repetir una fórmula que no funciona, que es ineficiente y que carece de sentido, son tiempos de evolucionar hacia la cabalidad.

En Chile, la Cultura reporta el 2,2 % al PIB y recibe un aporte estatal correspondiente al 0,4% del presupuesto nacional. Paralelamente a ese escenario diezmado, bajo la liquidante lógica del consumo, hemos visto cómo se capitalizó el arte y la creatividad tras el concepto de “Industria Cultural” o “Industrias Creativas” (principalmente instalado en la internacionalización del Cine y la Música) con productos de calidad susceptibles de ser fomentados para su amplia circulación, mediante el apoyo estatal instrumentalizado en los FONDART -sistema a corto y mediano plazo que desvirtuó su propósito cuando comenzó a constituir una fuente de financiamiento más de personas que de obras- y del mecenazgo a través la Ley de Donaciones. Toda aquello ha sido insuficiente, entre otras razones, porque no reconoce el determinante rol social que la Cultura tiene en la sociedad, productiva y espiritualmente, impactando en diversas áreas de desarrollo que abarcan desde la investigación y el conocimiento hasta la economía y convivencia al interior de los hogares.

Como programa de educación artística no formal, Activa tu Presente con Memoria a partir de su inicio en enero de 2016, ha cofinanciado actividades gestadas en intensa autonomía, pero también junto con organizaciones e instituciones tanto públicas como privadas, que creyeron en sus propuestas de mediación con enfoque de Derechos. Ese trabajo colaborativo y descentralizado, ha permitido en cuatro años reunir a 96 artistas y convocar a más de 2 mil personas en torno a talleres de reflexión creativa, teatro para la primera infancia, ciclos de cine, encuentros testimoniales, itinerancias de arte gráfico, ejercicios editoriales y jornadas autoeducativas, espacios llevados a cabo en cuatro comunas de la región, con entrada liberada.

Amamos lo que hacemos, es nuestra única militancia. Sin dudas HAY QUE SEGUIR, pero cada día desalienta un poco más la pregunta sobre cómo y con qué apoyos lo haremos, tocando cuáles puertas, recibiendo qué respuestas. Respecto a los propósitos de nuestra labor tenemos total claridad, porque estudiamos a nuestros públicos, audiencias y comunidades, sobre la base de esas sistematizaciones es que vamos creando nuevas hojas de ruta devenidas en nuevos espacios para el ejercicio de las memorias colectivas y la educación artística no formal, que son nuestros motores. Pero en un interseccional contexto de pandemia, estallido social, sobre enriquecimiento y extractivismo, es cuando problematizamos la real existencia de la garantía estatal de los Derechos Culturales derivados de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (ratificada por Chile en diversos convenios internacionales y relevada en los Derechos Económicos, Sociales y Culturales de segunda generación, DESC), cuya complejidad es una preocupación mayor bajo dictaduras. Es decir, Chile durante los sucesivos gobiernos desde la transición hasta la degradación política y simultáneo estado de rebeldía del país luego del primer estallido en octubre de 2019. Esa fuerza colectiva precipitó el próximo cambio constitucional que permitirá refundar las condiciones de vida en el horizonte de dignidad, sustentado en el respeto a los derechos conquistados popularmente.

En esa perspectiva, para interpretarlo en su progresiva complejidad, recordemos que el Derecho a la Cultura se consagra por la Naciones Unidas el año 1948 “Toda persona tiene derecho a tomar parte libremente de la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes y a participar en el pro­greso científico y en los beneficios que de él resulten”, en 1966 “Toda persona tiene derecho a participar en la vida cultural, gozar de los beneficios del progreso científico y de sus aplicaciones y beneficiarse de la protección de los intereses morales y materiales que le correspondan por razón de las producciones científicas, literarias o artísticas de que sea autora”, en 2005 observando los elementos que componen la participación, acceso y contribución, dentro de ese último aspecto destacamos que “toda persona tiene derecho a contribuir a la creación de las manifestaciones espirituales, materiales, intelectuales y emocionales de la comunidad; participar en el desarrollo de la comunidad a la que pertenece, así como en la definición, formulación y aplicación de políticas y decisiones que incidan en el ejercicio de sus derechos culturales” y en el año 2009, consensuando las seis dimensiones fundamentales que éstos protegen: “la creatividad humana en toda su diversidad y las condiciones para ejercerla, la libertad de elegir, expresar y desarrollar identidades (lo cual incluye el derecho a decidir no formar parte de determinados colectivos así como el derecho a abandonar un colectivo), el derecho a participar o no de la vida cultural que lo dirija, el derecho a interactuar e intercambiar independientemente  de la filiación a un grupo y las fronteras, el derecho a disfrutar de las artes, el conocimiento y el patrimonio cultural propio y ajeno y tener acceso a ellos, el derecho a participar en la definición y aplicación de políticas y decisiones que incidan en el ejercicio de los derechos culturales.”

Pero tal como sucede con la salud, la educación o el trabajo, vemos que en la práctica el Derecho a la Cultura es vulnerado por el Estado, desprotegido y permanentemente marginado del sistema de bienestar, estableciendo la carencia de subvenciones como la situación natural del gremio y, peor aún, consolidando la ausencia de una visión profunda de la Cultura pese a lo sostenido por el Ministerio que en teoría compromete que las Políticas Culturales 2017-2022 “sitúan la cultura al centro del desarrollo humano e incorporan la participación desde la territorialidad, con un enfoque de derechos de la ciudadanía cultural”.

A partir de ese marco, siendo experiencias esenciales a nuestra humanidad, que trascienden el mero espectáculo, que nos completan, que nos llena de preguntas y sentidos nuevos, que nos exhortan a sentir, a pensar, a contrapensar desde la pluralidad de puntos de vista y conocimientos; comprobamos que el arte y la cultura facilitan herramientas que de una u otra forma, pueden salvarnos.

Pero en el Chile neoliberal de los concursos y los bonos promovidos por un Estado capitalista y subsidiario, nos preguntamos ¿cómo se logra la exigibilidad de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales y cómo se concreta en la realidad?


 

NEGACIONISMO COMO POLÍTICA CULTURAL

Carta al director publicada por El Mostrador

El pasado mes de agosto, con indignación fuimos testigos de cómo el sitio de memoria y ex recinto de secuestro, desaparición forzada, violencia política sexual y tortura conocido como “La Venda Sexy”, declarado Monumento Histórico en 2016, era vendido a una inmobiliaria. Hoy, con estupor recibimos la noticia de que el actual gobierno gastará 2800 millones de pesos en la instalación del Museo de la Democracia, una visión acrítica de la transición que reivindica los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la dictadura civil militar, régimen del terror que destruyó el tejido social de nuestro país. Es decir, se nos está notificando la consolidación del negacionismo como política cultural, financiada como tal con recursos públicos que emanan de toda la ciudadanía.

Simultáneo a ese intolerable proyecto de apología al exterminio y saqueo propio del adn pinochetista, se anuncia una vez más que disminuirá la ya bajísima inversión en Cultura (que sin recorte alcanza sólo el 0.4% del presupuesto nacional), perjudicando la normal gestión de espacios artísticos y culturales que despliegan sus programas a lo largo del país. Incluidos un teatro regional y una fundación que, pese a mantener acuerdos económicos con poderosos aliados del mundo privado como Arauco en el Biobío y Minera Escondida a nivel nacional, respectivamente, ninguno logra sustentar el deber del Estado en relación al Derecho a la Cultura y el Derecho a la Educación Artística, ambos fundamentales para garantizar nuestro desarrollo integral y nuestras posibilidades de transformación social.

Ante esa realidad, comprobamos que en el Chile del neoliberalismo la única cultura que importa es la degradante cultura de la impunidad. Esa cultura estructural de la intensa vulneración de todos los derechos económicos, sociales, culturales; esa cultura de los silencios cómplices pactados por la elite política y el empresariado que desde el golpe de Estado, gobierno tras gobierno, han reducido concertadamente al país a lo que es hoy: un latifundio profundamente precarizado en todos los aspectos de la vida digna, un pueblo que relativiza su propia memoria histórica y se entrega a olvidar el nunca más, patrimonio que tantas organizaciones -por cie­rto, sostenidas principalmente por mujeres, ergo, invisibilizadas- han recuperado, protegido, defendido y activado en la resistencia durante los últimos 46 años de justicia transicional débil, concebida bajo la mediocre medida de lo posible.

A partir de esos anuncios, hoy enfrentamos una doble urgencia en nuestras de tomas de consciencia y de posición. Por un lado, es urgente que el modo de apropiación política del pasado en el presente que es el negacionismo sea considerado un peligroso atentado en contra de la democracia; y, por otro lado, resulta urgente que la democracia -mientras siga sometida a una inmutable constitución dictatorial- al menos sea (re)pensada y fortalecida poniendo a la Cultura, a la Educación y a la Memoria en el horizonte de las prioridades de una visión de país construida colectivamente. La pregunta es ¿existe una visión colectiva del país que queremos y necesitamos ser? Precisamente el sostenido deterioro de la cultura, la educación y la memoria, ha impedido y seguirá impidiendo tener esa visión comunitaria que articule nuestras subjetividades, que nos permita organizar nuestras chispas en la niebla.

Esa es la disputa ética y estética hoy sobre los imaginarios que deseamos irrigar. Si es que aun somos y poseemos la democracia, ésta jamás puede ser ni admitir ese museo.


 

SER CONSCIENTE DEL TIEMPO QUE PASA

Columna publicada por El Desconcierto

Desde su composición genética hasta la capacidad de complejizar la realidad y desarrollar sociedades, la humanidad está hecha esencialmente de memoria.

Una palabra inmensa que contiene al universo entero y que nos distingue de las otras especies animales porque tal como plantea el teórico Tzvetan Todoroven 2012, “el ser humano es consciente de estar inscrito en el desarrollo del tiempo. Sabe que es mortal, sabe que su vida tendrá un día un fin y sabe también que tuvo un comienzo y un desarrollo, que tuvo un momento inicial y que llega el momento presente. Este desarrollo se presenta en su consciencia bajo la forma de un relato re escrito a lo largo de toda su existencia“.

Esa conciencia del tiempo que pasa, a la que llamamos memoria, es una aptitud propia de nuestra dimensión personal y colectiva como seres humanos. Eso significa que, al existir de modo análogo al individuo, las comunidades también son capaces de crear el relato de un pasado común, transmitirlo y revisar la dinámica selección de olvidos y recuerdos que componen ese conocimiento compartido. Dicho ejercicio de reelaboración del pasado en el presente, resulta indispensable para el proceso crítico mediante el cual podemos acceder al reverso de la historia oficial o subvertir sus inscripciones.

En ese sentido, la memoria colectiva emerge como una herramienta que relativiza verdades fijas, una lectura entre líneas, un comportamiento imposible de dominar. Debido a esa silenciosa capacidad, suele ser abordada en calidad de niebla, o sea, a la manera de lo que se encuentra disperso en ninguna parte.

Pero en realidad se halla en todas partes. Benedetti supo ser certero al decir que “el olvido está lleno de memoria”, porque ese ninguna parte neblinoso somos exactamente todas las personas. Es nuestra interioridad el territorio donde habita la memoria colectiva, tomando posición en las relaciones que como seres sociales somos capaces de desarrollar en convergencia con otras subjetividades, otredad con la que compartimos un pasado común. Evidencia de ello son los movimientos sociales, fuerzas que acercan al presente huellas de las luchas vividas antaño, ancestrales incluso, generación tras generación, durante el extenso camino reivindicatorio de la dignidad humana.

A partir de esas nociones en tensión con el actual suceso del negacionismo y crueldad que trae consigo la arremetida de la ultraderecha en América Latina, actualizar el pasado es una urgencia en cuenta regresiva. Sobre todo en contextos como “nuestra” democracia chilena, sometida a la inmutable constitución dictatorial de un Estado que vulnera intensamente los Derechos Humanos a tal velocidad, que rápidamente vamos olvidando todo lo que acontece. No es casual ese olvido. La borradura de la memoria en la cultura neoliberal del deshecho está modelada por estrategias conjuntas del poder político empresarial que persigue el objetivo de confinarnos a la soporífera ignorancia, porque separadas allí las personas nos convertimos en individuos maleables aun cuando, en esencia, somos seres conscientes.

Situando esos pensamientos en el campo cultural y los imaginarios que produce la representación artística, el programa de educación no formal “Activa tu Presente con Memoria” gesta su tercer ciclo testimonial de apreciación artística y memoria colectiva en Concepción, con el propósito de reunir a 18 artistas e investigadoras invitadas a reflexionar sobre ese constructo en resonancia con sus propias experiencias creativas ligadas a la danza, teatro, patrimonio, psicología, archivo, barrios, arte sonoro, entre otros ámbitos compartidos mediante la conversación abierta con la audiencia participante.

Así, el ciclo da paso a contenidos híbridos dispuestos para suscitar el interés en conocer el testimonio artístico, por ejemplo, de la dramaturga Gisel Sparza que cultiva un teatro documental con eco del pasado reciente en la región; voces de las comunidades que están creando sus propias representaciones sociales, como Pricila Hernández en Población Aurora de Chile; la protección del patrimonio de los barrios que impulsa la periodista Mimi Cavalerie; investigación etnohistórica como la desarrollada por Esperanza Rock en la ciudad de Lota; nuevos archivos para las artes visuales que genera desde el periodismo la investigadora Paulina Barrenechea; experimentación de arte medial, con la colectiva AOIR, Laboratorio Sonoro.


 

EDUCACIÓN ARTÍSTICA NO FORMAL: EL APORTE DE LOS ESPACIOS

Columna publicada por El Desconcierto

“Tanto el arte como la educación nos ponen frente a la tarea de mejorar nuestra sociedad, es decir, cuestionar los sistemas de orden como nos los presentan, buscar sistema de orden alternativo, explorar lo que no sabemos en lugar de explorar lo que ya saben otros.”

Luis Camnitzer, 2016

Los principales consensos internacionales reconocen al enfoque de Derechos y a la Educación Artística como elementos constitutivos de una educación de calidad (UNESCO, 2015). Desplazando esos objetivos prioritarios hacia el campo de la educación no formal en espacios culturales, Activa tu Presente con Memoria por segundo año consecutivo ofrece en la región del Biobío un ciclo de apreciación artística dirigido tanto a personas adultas como a la infancia, con jornadas de aprendizajes creativos durante las vacaciones de invierno en la Sala David Stitchkin de la Universidad de Concepción, situada en el subsuelo de la Galería Universitaria, en pleno corazón de la ciudad.

El programa se caracteriza, entre otros aspectos, por cultivar el pensamiento crítico mediante un formato intimista de pequeño aforo (máximo 40 personas por jornada) que ha tenido una excelente acogida en la comunidad. Las audiencias han valorado tanto la calidad de los contenidos entregados, el diálogo mediado con los artistas, como los talleres liberados de costo. Lejos de ser un una respuesta casual, esos factores están en coherencia con el estudio sociológico que Activa tu Presente con Memoria realiza mediante entrevistas en profundidad y aplicación de encuestas que buscan conocer quiénes son y qué desean las personas que asisten a sus actividades, consulta cuyo resultado es vinculante en las futuras jornadas que lleve a cabo para de ese manera potenciar su impacto social positivo.  A partir de eso y haciendo eco del interés que los públicos han manifestado expresamente respecto a querer explorar y (re)conocer temáticas específicas, los ciclos han abordado la perspectiva de género, migración, primera infancia, comunicación popular, extractivismo y patrimonio, memoria colectiva, entre otras.

Resulta relevante comprender que actualmente es en los espacios no convencionales donde la educación artística (con todo el poder transformador que despierta en nuestros procesos cognitivos y sistemas relacionales) está aportando herramientas para la vida de las personas, como lo enseñara el maestro pedagogo brasileño Paulo Freire. Tanto por las materias abordadas, como por la experiencia de reflexionar colectivamente sin miedo al otro, propendiendo al respeto y a una cultura de paz alejada del afán por competir. Desde su función compensatoria sobre el acceso a prácticas que quedan fuera del aula convencional, la educación artística innova en los moldes tradicionales posibilitando cambios en los sistemas del conocer, creando espacios de encuentro, reconociendo aprendizajes generados en la experiencia, complejizando la interpretación de la realidad. Junto a eso, las propuestas de educación artística no convencional como Activa tu Presente con Memoria, propician instancias en las que toda la comunidad puede contribuir a la expansión del conocimiento y sus identidades.

Pero ¿Cómo se logra dar vida y sustentar esas iniciativas? Sólo gracias a modelos de gestión colaborativa que generan redes de apoyo mediante alianzas. En esta oportunidad junto a la Dirección de Extensión de la Universidad de Concepción, Activa tu Presente con Memoria logra convocar a públicos distintos más allá de las fronteras del campus, acercando propuestas culturales a la comunidad no universitaria, asumiendo una política de entrada liberada, decisión que fomenta la participación de todas las personas que sienten la necesidad de nutrir su tiempo libre explorando disciplinas del arte, ejercitando su creatividad, compartiendo conocimientos.

Eso es un fenómeno sumamente importante en un país en el que impera la vulneración de derechos fundamentales y en un momento en que la institucionalidad cultural parece estar a la deriva de la inoperancia de las principales autoridades políticas. Además, ante una escasa voluntad de inversión en el ámbito que deviene en recursos agotados, son las iniciativas autónomas las que asumen el compromiso de irrigar cultura con enfoque de DDHH, educar públicos, difundir la producción artística, facilitar el disfrute del arte, mediar la circulación de ideas creativas. Y gestando todo eso SIN FINES DE LUCRO, con un altísimo nivel de responsabilidad y entrega que envuelve a todos los actores sociales vinculados en el proceso: artistas, productoras, públicos e instituciones.

TESTIMONIO ARTÍSTICO Y CONVERSACIÓN COMO METODOLOGÍA

El ciclo de invierno que lleva a cabo Activa tu Presente con Memoria, invita este año a funciones de cinetaller con una curadoría a cargo del artista visual cinéfilo Alex Letelier Rivas (Creador del Ciclo OVNI y Casa Pulpo). Sumando jornadas cada sábado de julio y agosto, este espacio educativo incluye un corto y un largometraje animado en el transcurso de una línea creciente de tiempo, es decir, revisa la evolución técnica y estética de la animación a lo largo de la historia (desde 1926 a 2017), comentando las principales características de las películas proyectadas, poniendo en valor la mirada de variados autores que al mismo tiempo reflejan visiones de mundo, historias de vida y épocas que dan contexto al stopmotion como representación artística de una determinada realidad.

Luego, en el mes de agosto, el ciclo culmina sus actividades invitando a dos testimoniales de apreciación artística, instancias que tienen el propósito de tender puentes entre públicos y artistas, produciendo encuentros en una libre conversación e intercambio de experiencias.

Así, desde la región metropolitana, el sábado 11 de agosto llega a Concepción el realizador audiovisual Cristóbal León de Estudio DILUVIO, productora responsable del primer largometraje stopmotion de Chile “La Casa Lobo”. Estrenada en la 68ª BERLINALE, la película fue también seleccionada para la competencia oficial del Festival de Animación de Annecy (Francia) y elegida recientemente como el Mejor Largometraje en el V Festival Latinoamericano de Cine de Ecuador. Junto a la maestría de la realización que tardó cinco años en concluir, la película es una pieza de terror naif que narra la historia del escape de una joven de Colonia Dignidad. Con ese testimonial, el ciclo cumple su objetivo de sensibilizar en DDHH a través del arte, difundiendo la resignificación de historias complejas y la actualización de pasados que marcan el presente de un país que pugna ante la borradura de su propia historia.

Por otra parte, poniendo el foco en la identidad local, el sábado 18 de agosto será la penquista Ángela Jarpa (La Tostadora Producciones) la invitada a testimoniar sobre su propuesta de stopmotion para la promoción de la música a través del videoclip, trabajo reconocido en los recientes Premios Ceres -que ponen en valor lo mejor de la creación proveniente de la Región del Biobío- integrando la comunicación gráfica, la ilustración, el audiovisual, como parte de su emprendimiento profesional. A través del testimonio de Ángela, el ciclo reflexiona sobre la importancia de mutar los propios lenguajes y experiencias creativas en un proceso de autoeducación que no es lineal ni estático, sino que busca ampliar el espectro de capacidades en la diversidad.

El conjunto de esas actividades aporta a la oferta cultural una plataforma de autoeducación artística que es uno de los motores para que Activa tu Presente con Memoria continúe avanzando en la proyección de su propuesta autónoma que, desde 2016, cruza artes escénicas y visuales logrando convocar a más de 2 mil personas y 51 artistas en centros culturales, salas de teatro, galerías de arte, sindicatos de pescadores artesanales, casas de la cultura y bibliotecas de las comunas de Penco, Lirquén, Chiguayante y Talcahuano, descentralizando así el panorama hegemónico de la ciudad de Concepción que, como sucede con otras capitales provinciales, tiende al centralismo.

Considerando que en $hile el sistema educacional permanece en una estepa de crisis profunda, las escuelas públicas que incorporan educación artística a la visión de sus proyectos educativos, son muy pocas (no superan los 50 establecimientos concentrados principalmente en el sur del país), los espacios sociales no formales son los que emergen como nicho donde podemos ejercer nuestro derecho humano a la Educación Artística y al acceso en la Cultura. Una realidad que afortunadamente existe en la región del Biobío, pero que es transversal a otros territorios que impulsan sus propios espacios independientes, puesto que tanto el arte como la cultura son inalienables y elementales a nuestro desarrollo integral, al mismo tiempo que constituyen una toma de posición ante la vida que se sueña/construye colectivamente.

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